Estaba en la vida de un niño al que se negó a abandonar.
Y ahora, mientras la veía sonreír desde el asiento del acompañante, comprendí que nunca había dejado de ser maestra.
Ni siquiera aquel día, cuando un desconocido la llamó ladrona.
Estaba en la vida de un niño al que se negó a abandonar.
Y ahora, mientras la veía sonreír desde el asiento del acompañante, comprendí que nunca había dejado de ser maestra.
Ni siquiera aquel día, cuando un desconocido la llamó ladrona.