Capítulo 2: El secreto oculto en mi bebida

Lo miré atentamente.

Su sonrisa era perfecta. Su voz, cálida. No había nada en su apariencia que revelara lo que yo temía.

—Tranquilo —respondí—. Aunque últimamente me siento un poco débil.

Su expresión cambió apenas un instante.

—¿Otra vez? Quizá necesitas dormir más. Esta noche te prepararé algo especial.

Noté cómo mi estómago se encogía.

—No hace falta, cariño. Creo que tomaré agua.

Daniel dejó las flores sobre la mesa.

—Pero ya sabes que tu bebida nocturna te ayuda a descansar.

—Hoy no me apetece.

Por primera vez desde nuestra boda, vi que su amabilidad desaparecía por completo.

—Margaret, debes terminarla —dijo con una firmeza que nunca antes había utilizado—. No puedes abandonar algo que te está ayudando.

—¿Y cómo sabes que me está ayudando si sigo sintiéndome cansada?

El silencio que siguió fue insoportable.

Finalmente, Daniel soltó una pequeña risa y me acarició el hombro.

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