—¿Cuenta con comprobantes de las inversiones que menciona?
Él comenzó a enumerar gastos: pintura, lámparas, repisas, algunos arreglos.
Mariana anotó cada uno.
—Esos gastos pueden analizarse individualmente si existen pruebas y una base legal para reclamarlos. Pero no convierten automáticamente a su cliente en propietario.
Héctor se puso rojo.
—¡Yo soy el esposo de la madre del propietario! ¡No soy un extraño!
—Nadie ha dicho que lo sea —respondió Mariana—. Estamos hablando de los derechos relacionados con un inmueble concreto.
Su abogado le tocó el brazo para que se calmara.
Pero Héctor ya había perdido la paciencia.
—¡Todo esto es por culpa de Daniel! ¡Le dimos una familia y ahora quiere dejarnos en la calle!
Yo lo miré.
—Tú me sacaste de mi casa.
—¡Porque necesitábamos espacio!
—Entonces, ¿por qué no me lo pediste? ¿Por qué empacaste mis cosas mientras yo estaba trabajando? ¿Por qué le dijiste a mi madre que yo había aceptado mudarme?