PARTE 2: LA FOTO QUE ADRIAN RECONOCIÓ

Adrian tomó la fotografía con dedos rígidos.

Durante unos segundos dejó de existir la oficina, los empleados curiosos y mi hija abrazando su elefante de peluche.

Solo existía aquella imagen.

Yo, siete años más joven.

Y el hombre que me rodeaba los hombros mientras sonreía a la cámara.

—¿De dónde sacaste esto? —repitió Adrian.

—De una caja de mamá —respondió Mia antes de que pudiera detenerla.

Cerré los ojos.

—Mia, ve a mi oficina.

—Pero…

—Ahora, cariño.

Adrian levantó una mano.

—Espera.

Lo miré.

Ya no había rastro del hombre que minutos antes reía con mi hija.

Adrian Kane parecía haber visto regresar a un muerto.

—¿Cómo conociste a Nathan?

El nombre me atravesó.

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