Llamé a Mariana.
—Falta una carpeta.
—¿Sabes quién la empacó?
—Héctor y mi madre tenían acceso a los documentos de la casa. No puedo asegurar quién la tomó.
—No acuses a nadie todavía. Vamos a documentar el faltante y revisar si hay algún movimiento relacionado con esos papeles.
Cuando terminé de revisar las cajas, encontré algo debajo de una bolsa de ropa.
Un sobre blanco.
No tenía remitente.
Dentro había una hoja doblada en cuatro.
Era una copia de una solicitud de crédito personal a nombre de Héctor.
El documento incluía información sobre sus ingresos, sus deudas y una dirección de contacto: mi casa.
Hasta ahí, nada demostraba que hubiera cometido alguna irregularidad.
Pero en la segunda página aparecía una referencia a un supuesto aval patrimonial.
El documento no incluía la escritura de mi propiedad, pero mencionaba información sobre el inmueble que me resultó inquietante.