No tenía pruebas de que hubiera intentado venderla fraudulentamente.
Todavía.
Sin embargo, el comentario de mi vecino me hizo entender por qué Héctor había querido sacarme tan deprisa.
No se trataba solamente de conseguir privacidad con mi madre.
Quería controlar el lugar.
Y para hacerlo, primero necesitaba quitarme de en medio.
3. Mi madre me llamó llorando
Tres días después, Leticia llamó a mi teléfono.
Contesté porque, a pesar de todo, seguía siendo mi madre.
—Hijo, por favor, tenemos que hablar.
Su voz sonaba agotada.
—Te escucho.
—Héctor dice que vas a denunciarnos.
—Estoy consultando a una abogada para recuperar mis pertenencias y resolver la ocupación de mi casa.
—¡Pero somos tu familia!
Cerré los ojos.
Otra vez esa frase.
Como si la palabra familia pudiera borrar cualquier límite.
—Mamá, ¿por qué permitiste que sacara mis cosas?
—Él me dijo que ya lo habían hablado contigo.