Beatriz dejó claro que la única forma de entender lo que estaba ocurriendo era revisar quién había dado la autorización final para modificar aquel fondo familiar. Esa frase cambió la dirección de la discusión, porque hasta ese momento todos habían hablado como si los documentos fueran una simple reorganización de los bienes de la familia Salvatierra.
Álvaro seguía de pie frente a la terraza de la finca, con la mirada fija en su madre y en los papeles que acababan de aparecer en su teléfono. Hacía apenas unos minutos había visto a Inés, su esposa embarazada de casi siete meses, sentada junto al corral, con un tazón metálico entre las manos mientras los invitados de Beatriz comían dentro de la propiedad.
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