No lo consideraban un sacrificio.
Lo consideraban una obligación.
—Llámala —ordenó Estela.
Brayan marcó el número de su hermana.
Buzón de voz.
Volvió a llamar.
Nada.
Le escribió un mensaje.
Oye, deja de hacerte la víctima. Necesito que arregles lo de la tarjeta.
Valeria leyó el mensaje durante el trayecto de regreso a su departamento.
No respondió.
Brayan envió otro.
¿Ahora resulta que nos vas a castigar por una discusión? Mamá está muy triste.
Valeria bloqueó la pantalla.
No porque quisiera hacerlos sufrir.
Sino porque ya conocía el mecanismo.
Primero llegaba la culpa. Después, la exigencia. Y, si ninguna funcionaba, aparecía la acusación de que ella era una mala hija.
Aquella vez no iba a participar.
La primera carta del banco
Diez días después de la partida de Valeria, Héctor encontró un sobre debajo de la puerta.