Nadie se movió.
Ni Estela.
Ni Héctor.
Ni Brayan.
Valeria continuó:
—Si quieren conservar esta propiedad, tendrán que hablar con el banco, revisar sus gastos y asumir sus responsabilidades. Pueden buscar asesoría, explorar las alternativas de pago disponibles y decidir qué hacer. Yo no voy a impedirlo.
Héctor tragó saliva.
—¿Y tú? ¿No vas a ayudarnos en nada?
Valeria lo miró con tristeza.
—Puedo ayudarlos a entender los documentos. Puedo acompañarlos a una reunión si hace falta. Puedo recomendarles que busquen asesoría independiente. Pero no voy a volver a pagar todo mientras ustedes me tratan como si no valiera nada.
Su madre se cubrió la cara.
—Nunca pensé que llegaríamos a esto.
Valeria sintió que algo se quebraba dentro de ella.
—Yo tampoco, mamá. Pero llegamos porque durante años ustedes pensaron que mi dinero era más importante que mis sentimientos.