PARTE 2 — LA VIDA QUE PERDÍ

—¿Qué?

—El verano pasado llevé a los niños a París.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—¿Con Michael?

Helena negó.

—No. Fui con nuestros hijos. Era un sueño que había postergado demasiado tiempo.

Miró el sobre.

—Quería enseñarles que la vida puede continuar incluso después de una pérdida.

Una lágrima recorrió mi mejilla.

Durante años había prometido llevarla a París.

Y al final ella había cumplido aquel sueño sin mí.

Me disponía a marcharme cuando Helena me llamó.

—Daniel, espera.

Me volví inmediatamente.

Por un instante, una esperanza absurda nació dentro de mí.

Ella sostenía otro sobre.

Era blanco.

Llevaba el sello de un despacho jurídico.

—Esto llegó hace tres días —explicó—. Está dirigido a ti, pero lo enviaron a nuestra antigua dirección.

Lo tomé.

Reconocí el nombre del remitente.

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