Emma cruzó los últimos metros del campo con la espalda todavía recta por la formación, pero ya no caminaba como una cadete siguiendo una ceremonia. Caminaba como hija.
Sus ojos iban de su padre al teniente general Daniel Mercer y regresaban a aquella banda de cuero cuarteada que él había llevado durante años en la muñeca derecha.
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—¿Qué pasó entre ustedes? —preguntó Emma.
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Su padre abrió la boca, pero Mercer respondió primero.
—Tu papá me salvó la vida.
La frase cayó en medio de una ceremonia donde nadie esperaba escuchar algo parecido.
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Mercer volvió la mirada hacia la plataforma.
—Y antes de que esta ceremonia continúe, necesito corregir algo.
El oficial que sostenía el programa se quedó quieto, esperando instrucciones.
Mercer levantó una mano.
—No quiero que nadie confunda el uniforme con el valor.
Luego miró otra vez al hombre que había manejado dieciocho horas en un Freightliner viejo para estar allí.