PARTE 2 — LA VIDA QUE PERDÍ

Helena se volvió hacia Emily.

—Cariño, ve a terminar tu dibujo con tus hermanos.

La niña miró a Michael.

—¿Vas a venir después?

Él sonrió.

—En cinco minutos, pequeña.

Emily se marchó sin volver a mirarme.

Sentí que algo se rompía dentro de mí.

Mi propia hija confiaba más en aquel hombre que en mí.

—Helena, por favor —susurré—. Solo necesito unos minutos.

Ella observó mi bolsa de viaje.

Después abrió la puerta del pequeño despacho junto al recibidor.

—Puedes hablar. Pero no delante de los niños.

Entré.

El despacho era diferente.

Había una computadora nueva, planos sobre una mesa y fotografías de proyectos arquitectónicos en las paredes.

—¿De quién es todo esto? —pregunté.

Helena se sentó.

—Mío.

La miré sorprendido.

Antes de casarnos, Helena había estudiado diseño de interiores.

Había abandonado su carrera cuando nació Noah porque yo insistí en que sería mejor que se quedara en casa.

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