PARTE 2: EL PRECIO DE HABERME DEJADO SOLA

Rowan permaneció junto a la puerta durante varios segundos.

No parecía el mismo hombre que había salido de casa tres días antes con una sonrisa tranquila, convencido de que su esposa exageraba una situación que “todas las mujeres podían soportar”.

Ahora parecía alguien que acababa de descubrir que había entrado en una habitación equivocada.

Porque frente a él no estaba solo su esposa recién convertida en madre.

Estaba Gideon Sterling.

El hombre cuyo nombre aparecía en las portadas financieras.

El hombre que podía comprar empresas enteras con una llamada.

El hombre que todos los inversionistas respetaban.

Y también el padre al que Rowan nunca imaginó que tendría que enfrentar.

—Phoebe… —dijo finalmente—. ¿Por qué nunca me dijiste?

Lo miré mientras papá acomodaba la manta de Leo.

—¿Decirte qué?

Rowan tragó saliva.

—Que él era tu padre.

Una sonrisa amarga apareció en mis labios.

—¿Habría cambiado algo?

No respondió.

Porque ambos sabíamos la respuesta.

Si hubiera sabido que era hija de Gideon Sterling, probablemente habría tratado nuestra relación de otra manera.

Más cuidado.

Más atención.

Más respeto.

Pero yo nunca quise eso.

Quería que me eligiera cuando pensaba que era una mujer común.

Y falló.

Papá levantó la mirada.

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

—Mi hija te llamó mientras estaba sola dando a luz.

Rowan bajó los ojos.

—Yo estaba en el cumpleaños de mi madre.

—Lo sé.

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