PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Ella apoyó la cabeza sobre mi hombro.

—Lo sé ahora.

La promesa que finalmente pude cumplir

Un año después de aquel día en que Alejandro trajo a una mujer sin hogar a nuestra casa, regresamos al cementerio donde descansaba nuestra madre.

Lucía caminaba despacio, apoyándose en mi brazo.

Todavía tenía dificultades para recordar algunos años de su vida. Había días buenos y otros terriblemente difíciles.

Pero estaba viva.

Y ya no estaba sola.

Llevábamos flores blancas y el relicario de plata.

Me arrodillé frente a la lápida de nuestra madre.

Durante años había imaginado aquella conversación.

Había pensado en todas las cosas que le diría si algún día encontraba a Lucía.

Pero cuando llegó el momento, apenas pude pronunciar una frase.

—Mamá, la encontré.

Lucía se arrodilló a mi lado.

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