La mujer no me respondió.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Pensé que habías muerto.
Lucía comenzó a temblar.
—Yo… no la conozco.
La mujer se cubrió la boca.
—Soy Teresa Salvatierra. La esposa de Roberto.
El nombre hizo que todos guardáramos silencio.
Alejandro apareció desde el despacho.
—¿Qué está haciendo aquí?
Teresa lo miró con una mezcla de miedo y desesperación.
—He venido porque me enteré de que encontraron a la muchacha.
La abogada, que había llegado aquella mañana para revisar unos documentos, se acercó.
—Señora Salvatierra, antes de continuar, debemos aclarar por qué está aquí y qué relación tiene con estos hechos.
Teresa asintió.
Se sentó lentamente y comenzó a hablar.
Afirmó que Roberto había llevado a Lucía a un centro médico después de un accidente, pero que luego había utilizado contactos para impedir que la familia fuera localizada.