Si vuelves a impedirlo, entregaré todos los documentos a la policía».
Me quedé mirando la hoja.
No era una confesión completa, pero demostraba que el padre de Alejandro había sabido que Lucía estaba viva y había participado en su traslado.
Alejandro parecía incapaz de hablar.
—Mi padre sabía que tu hermana estaba viva —dijo finalmente.
—Sí.
—Y nunca te lo contó.
—No.
Su rostro se descompuso.
—Lo siento, Mariana.
No le respondí.
En el fondo del sobre había una segunda hoja.
Era una lista de pagos realizados a diferentes centros de atención y a una empresa privada.
La última anotación estaba fechada cinco años después de la desaparición de Lucía.
Junto a ella aparecía una dirección.
Un antiguo centro de rehabilitación situado a las afueras de Chicago.
El investigador fotografió todos los documentos.