PARTE 2: La noche en que Vivian dejó de esconderse

Pero cuando me dirigía hacia una terraza para tomar aire, escuché pasos apresurados detrás de mí.

Era Cassidy.

Tenía el maquillaje corrido y los ojos enrojecidos.

—¡Tú me has arruinado la vida! —gritó.

Me detuve.

—Yo no he desviado dinero ni he falsificado documentos.

—¡Preston me dijo que tú eras una inútil! ¡Me aseguró que nunca podrías reclamar nada!

—Entonces debiste preguntarte por qué necesitaba mentirte tanto.

Cassidy apretó los puños.

—¡Yo voy a tener un hijo suyo!

La miré directamente a los ojos.

—Ese niño no tiene la culpa de las decisiones de sus padres. Si de verdad te importa, deja de utilizarlo como una excusa para justificar lo que has hecho.

Por un instante, Cassidy pareció quedarse sin palabras.

Después bajó la voz.

—No lo entiendes. Preston me prometió una casa, dinero, una vida juntos. Me dijo que en cuanto consiguiera controlar las participaciones, se divorciaría de ti.

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