El documento establecía que aquella participación debía pasar a Valeria cuando cumpliera dieciocho años.
Pero había una anotación adicional.
La empresa estaba relacionada con Mauricio Vargas.
Y su valor actual superaba los doscientos millones de pesos.
Esa noche Daniel examinó los documentos.
—Alejandro, si son auténticos, Valeria podría tener derechos sobre una participación empresarial muy importante.
Lo miré confundido.
—¿Por qué Isabel nunca me habló de esto?
Daniel guardó silencio.
—Tal vez estaba intentando protegerla.
Entonces mi teléfono recibió un mensaje.
Era de Renata.
«Ya descubriste una parte. Pregúntale a Marisol qué ocurrió realmente la noche en que murió Isabel».
Sentí que la sangre se me helaba.
Miré hacia la puerta.
Marisol estaba allí.
Había leído el mensaje por encima de mi hombro.
Su rostro perdió todo el color.
—Señor Alejandro —susurró—, hay algo que debo confesarle.