Mi esposo se puso aún más pálido.
Porque ahora entendía que el divorcio no sería el sencillo trámite que habían imaginado.
Y que la mujer a la que habían tratado como una intrusa tenía una posición económica que jamás se habían molestado en investigar.
Pero todavía no conocían toda la historia.
Porque el dinero no era el secreto más importante que yo había guardado.
Era el motivo por el que había entrado en aquella familia.
Y también el motivo por el que había permanecido en ella tanto tiempo.
## PARTE 3: LA MUJER QUE SE NEGÓ A COMPRAR EL AMOR
Todo comenzó cuatro años antes de aquella mañana en el juzgado.
Yo tenía veintinueve años y acababa de regresar a México después de terminar mis estudios en el extranjero.