Su rostro se contrajo.
—Podrías haber confiado en mí.
—Te confié mis miedos, mis proyectos y mis esperanzas. Te di tres años para demostrarme que podía contar contigo. Pero cada vez que tu madre me humillaba, elegías proteger su comodidad en lugar de mi dignidad.
Alejandro abrió la boca.
No encontró palabras.
Por primera vez, no había una excusa que pudiera salvarlo.
## PARTE 4: EL DOCUMENTO QUE SU MADRE NUNCA ESPERÓ VER
La jueza pidió que se revisaran los documentos financieros presentados por ambas partes.
Mi abogado, el licenciado Fernando Robles, se levantó.
Era un hombre de pocas palabras, conocido por su rigor y su negativa a convertir los procedimientos judiciales en espectáculos.
—Su señoría, mi representada desea que se haga constar una cuestión adicional.
Rebeca se volvió hacia él.
—¿Qué más quiere esta mujer?
El abogado no respondió a la provocación.