Corrió hacia el anciano y cayó de rodillas a su lado.
—¡Papá\! ¡Papá, mírame\!
El anciano abrió lentamente los ojos.
Cuando reconoció el rostro de su hijo, intentó sonreír.
—Alejandro…
El empresario sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies.
—¿Dónde has estado? Te he buscado por todas partes. ¡Llevo años buscándote\!
El anciano intentó levantar una mano, pero no tuvo fuerzas.
—Perdóname, hijo…
Alejandro lo abrazó con desesperación.
Después levantó la cabeza y gritó:
—¡Necesito un equipo médico aquí ahora mismo\! ¡Que alguien traiga una camilla\!
El médico que lo acompañaba reaccionó inmediatamente.
En cuestión de segundos, varios enfermeros llegaron con una camilla y trasladaron al anciano al área de urgencias.
Alejandro caminó junto a ellos sin soltar la mano de su padre.
Pero antes de atravesar las puertas, se volvió hacia Mariana.
La observó de arriba abajo.