—No sé qué decir.
—No tiene que decir nada ahora. Léalo con calma. Pregunte lo que necesite. Y si decide que no es para usted, buscaremos otra manera de aprovechar sus ideas.
Ella levantó la vista.
—¿Y por qué quiere que yo participe?
Alejandro sonrió.
—Porque usted vio un problema que todos los demás estaban ignorando. Y porque tuvo el valor de actuar.
Mariana abrazó a Gabriel contra su pecho.
Pensó en el día en que había encontrado al anciano en el suelo.
En el miedo que había sentido.
En las personas que habían pasado de largo.
Y en el hombre que había aparecido para reconocer a su padre.
Nunca había imaginado que aquella decisión cambiaría tantas vidas.
—Acepto —dijo finalmente—. Pero con una condición.
Alejandro arqueó las cejas.
—La escucho.
—Quiero que el programa atienda a las personas por lo que necesitan, no por quiénes son. Si alguien llega sin dinero, sin documentos o sin ropa limpia, no puede recibir un trato peor por eso.