Ella se volvió lentamente.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Alejandro guardó silencio unos segundos.
—Porque quería tener una conversación contigo sin que mi apellido entrara en la habitación antes que yo.
—¿Y tu apellido es tan importante?
Una sonrisa triste cruzó su rostro.
—Más de lo que me gustaría.
Lucía observó el automóvil una vez más.
—¿Eres político?
—No.
—¿Un criminal?
—Espero que no me estés haciendo una entrevista de trabajo.
Ella casi sonrió.
Casi.
—Alejandro.
Él dejó escapar el aire.
—Mi empresa se llama Rivera Global. Es un grupo de inversión y consultoría que fundé hace doce años. Tiene participaciones en varias compañías, algunas internacionales. Y sí, me va bastante bien.
—¿Qué significa «bastante bien»?
Alejandro la miró.
—Significa que hay revistas que disfrutan calculando cuánto dinero tengo.
Lucía sintió que el mundo acababa de inclinarse bajo sus pies.