Lucía rio mientras él se arrodillaba frente a ella para colocarle el anillo.
Cuando se puso de pie, ella lo abrazó con tanta fuerza que Alejandro soltó una carcajada emocionada.
Y entonces se besaron.
No hubo aplausos.
No hubo cámaras.
Solo el aroma a canela, el ruido de la cafetera y una pareja que había encontrado algo mucho más valioso que la perfección.
Habían encontrado un lugar donde podían ser ellos mismos.
### Capítulo 10. La boda más inesperada de la Ciudad de México
Seis meses después, Lucía y Alejandro se casaron en un jardín rodeado de árboles.
La ceremonia fue pequeña.
Asistieron familiares, amigos, algunos compañeros de la escuela y varios miembros del equipo de Rivera Global.
Carla fue la dama de honor.
Y pasó los primeros diez minutos llorando antes de que comenzara la ceremonia.