Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

Lucía se quedó inmóvil.

Alejandro le susurró:

—No tienes que subir al escenario. No te lo he pedido porque no quiero ponerte en una situación incómoda.

Ella lo miró.

—¿De verdad escuchaste lo que te conté sobre mis alumnos?

—Cada palabra.

Lucía observó el escenario.

Pensó en sus estudiantes.

En los libros que compartían porque no había suficientes ejemplares.

En los niños que se emocionaban cuando descubrían una historia nueva.

En todas las veces que había tenido que improvisar actividades porque los recursos eran limitados.

Se puso de pie.

—Voy a subir.

Alejandro sonrió.

—Entonces iré contigo.

Pero Lucía negó con la cabeza.

—Esta parte es mía.

Él la dejó ir.

Y mientras la veía caminar hacia el escenario, comprendió algo que ninguna negociación le había enseñado.

Amar a alguien no significaba abrirle todas las puertas.

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