Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

Lucía apretó los puños.

Por un instante, volvió a tener veintinueve años.

Volvió a estar sentada en el suelo de su antiguo departamento, mirando una cuenta bancaria vacía.

Volvió a preguntarse qué había hecho mal.

Pero entonces recordó una voz tranquila.

«No tienes que confiar en mí hoy. Podemos empezar por mañana».

Respiró hondo.

—No sé cuánto tiempo se quedará Alejandro —dijo—. No sé si nos casaremos algún día ni si estaremos juntos dentro de diez años.

Daniel sonrió con suficiencia.

Lucía sostuvo su mirada.

—Pero sé algo. Si se marcha, no será porque yo no haya sido suficiente. Y si me equivoco con él, eso tampoco te dará la razón a ti.

La sonrisa de Daniel desapareció.

—Necesito dinero, Lucía.

Ahí estaba.

La verdadera razón.

—Mi madre está enferma —añadió—. Necesito ayuda.

Lucía cerró los ojos brevemente.

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