Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

Alejandro negó suavemente con la cabeza.

—No. Eso bastó para querer conocerte. Lo que me hizo querer volver a verte fue la forma en que hablabas de tus alumnos. No intentabas parecer interesante. Simplemente estabas hablando de algo que amabas.

Lucía bajó la mirada hacia su helado.

—No soy una persona extraordinaria.

—No he dicho que lo seas.

Ella levantó la vista.

Alejandro sonrió.

—He dicho que eres una persona que me interesa. Hay una diferencia.

Lucía sintió que algo dentro de ella se aflojaba.

Quizá había pasado demasiado tiempo intentando demostrar que era suficiente.

Quizá había llegado a creer que el amor era un premio que debía ganarse siendo hermosa, inteligente, complaciente o perfecta.

Pero Alejandro no parecía interesado en una mujer perfecta.

Parecía interesado en ella.

Con sus jeans viejos.

Su humor sarcástico.

Su gato insoportable.

Y todas las cicatrices que no sabía cómo explicar.

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