Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

—Has aprendido.

—Soy un hombre inteligente.

—No te emociones.

Después de comer, caminaron por el parque.

El cielo estaba despejado y las hojas de los árboles se movían suavemente con el viento.

Alejandro le compró un helado a un vendedor ambulante.

Lucía eligió limón.

Él eligió chocolate.

—Tengo una pregunta —dijo ella.

—Adelante.

—¿Por qué aceptaste esta cita?

Alejandro tardó unos segundos en responder.

—Carla me habló de ti hace meses. Me contó que eras maestra y que habías ayudado a una de tus alumnas a superar una situación familiar difícil. También me dijo que habías rechazado una oferta de trabajo mejor pagada porque no querías dejar a tus estudiantes a mitad del curso.

Lucía frunció el ceño.

—¿Carla te contó todo eso?

—No todo. Pero sí lo suficiente para despertar mi curiosidad.

—¿Y eso bastó para que quisieras conocerme?

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