—Firma, Mariana. Es tu última oportunidad de salvarte.
En ese instante, la puerta se abrió.
El comandante Méndez entró acompañado de una agente.
Llevaba una tableta y una bolsa de evidencias.
—Señor Ricardo —dijo—, necesitamos que nos explique por qué aparece usted en una grabación colocando un objeto debajo del asiento trasero del automóvil.
Ricardo dejó caer la pluma.
Y cuando el agente encendió la pantalla, vi algo que jamás habría imaginado que mi esposo fuera capaz de hacer.
PARTE 3
La grabación mostraba claramente a Ricardo entrando al estacionamiento de nuestro edificio a las siete y quince de la mañana.
Llevaba el mismo traje gris con el que había llegado al hospital.
Se acercó a mi automóvil, abrió la puerta trasera y sacó un pequeño envase de una bolsa.
Después levantó parcialmente el tapete y lo escondió debajo del asiento.