Daniel miró a través del cristal de la habitación.
Su padre estaba acostado en una cama hospitalaria, con una enfermera explicándole cómo iban a ayudarlo a moverse con menos dolor.
—¿Volverá a caminar? —preguntó.
—No podemos asegurarlo. Primero debemos estabilizar su salud y evaluar qué capacidades puede recuperar. Lo importante es que reciba atención constante y que los objetivos sean seguros y realistas.
La doctora hizo una pausa.
—Y usted también necesita ayuda, Daniel. Cuidar a un familiar con necesidades tan complejas puede desbordar a cualquiera, especialmente a una persona de su edad. No debería haber tenido que hacerlo solo.
Daniel sintió que aquellas palabras le quitaban un peso del pecho.
Durante mucho tiempo había creído que solo existían dos opciones: sacrificar su vida para cuidar de su padre o abandonarlo.
Ahora empezaba a comprender que había otra posibilidad: buscar ayuda profesional sin dejar de quererlo.