—¿Por qué quiere comprarla ahora?
—Porque es un buen negocio.
—No. Quiere comprarla porque ya no puede arrebatárnosla mediante las deudas.
El notario apartó la mirada.
Don Severo endureció la voz.
—No sea ingenua. Los negocios cambian. Un año malo puede destruir todo lo que ha construido.
—Es cierto.
—Entonces acepte.
Magdalena abrió una carpeta y sacó una serie de documentos.
Había reunido pruebas de los cobros irregulares, de las deudas infladas y de los acuerdos relacionados con el agua. Algunos asuntos ya habían sido resueltos; otros seguían pendientes de revisión.
No amenazó con destruirlo ni prometió vengarse.
Simplemente puso los documentos sobre la mesa.
—No deseo su ruina, Don Severo. Pero tampoco permitiré que vuelva a utilizar la necesidad de los demás para enriquecerse.
Él miró los papeles.
—¿Qué quiere de mí?
—Que respete los acuerdos. Que deje de cobrar cantidades que no puede justificar. Y que entienda que esta hacienda no está en venta.