PARTE 2: EL SECRETO DE LOS VOLKOV

Mikhail me observó durante varios segundos.

Parecía sorprendido.

Después sacó una cartera negra.

Colocó varios billetes sobre la mesa.

Miré el dinero.

—Señor Volkov, he dicho que no.

—No acostumbro aceptar favores sin devolverlos.

Tomé los billetes y se los entregué.

—Entonces hoy puede aprender algo nuevo.

Uno de sus guardaespaldas levantó las cejas.

Mikhail permaneció inmóvil.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

Sonrió.

Apenas un instante.

Pero sonrió.

—Eres una mujer bastante obstinada, Elena Bennett.

—Eso dice mi cocinero todos los días.

Desde la cocina, Frank gritó:

—¡Y nunca se equivoca!

Misha comenzó a reír.

Su padre lo miró.

Y aquella pequeña risa pareció desarmarlo completamente.

Antes de marcharse, Misha se acercó a mí.

—Señorita Elena…

Me agaché.

—¿Sí, cariño?

Sacó de su bolsillo un pequeño coche rojo.

Tenía una rueda ligeramente torcida.

—Quiero regalarte esto.

Sentí una ternura inmensa.

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