Un millonario vio a una madre gastar sus últimas monedas en su hija… y tomó una decisión inesperada

Arturo soltó una pequeña risa.

—Y era probablemente el hombre más vacío de Querétaro.

Elena apretó suavemente sus dedos.

—Entonces aparecieron ustedes.

—Arturo…

—Déjame terminar.

Respiró profundamente.

—Durante mucho tiempo pensé que aquella noche yo las había ayudado.

Miró hacia Lucía.

—Pero ya sé que no fue así.

Elena frunció ligeramente el ceño.

—Nos ayudaste muchísimo.

—Sí. Pero ustedes también me salvaron de una vida que había dejado de vivir.

Los ojos de Elena comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Quiero a Lucía como si fuera mi hija.

Hizo una pausa.

—Y te amo.

Elena cerró los ojos unos segundos.

Cuando volvió a abrirlos, estaba sonriendo.

—¿Sabes qué me preguntó Lucía la semana pasada?

—Me da miedo saberlo.

—Me preguntó si era posible tener dos papás.

Arturo dejó de respirar.

Elena continuó:

—Me dijo que ella siempre tendría a Diego como su papá, pero que sentía que tú también eras su papá aquí.

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