Le diría algo mucho más importante:
No necesitas que el hombre que te rompió el corazón vuelva a amarte para recuperar tu dignidad.
No tienes que sacrificarte hasta desaparecer para demostrar que amas a alguien.
Y proteger a los demás nunca debería significar renunciar a protegerte a ti misma.
El autobús apareció al final de la calle.
Subí.
Encontré un asiento junto a la ventana.
Mientras el vehículo avanzaba, mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Elena.
Una fotografía.
Su hija aparecía junto al jazmín que le había regalado. Había florecido por primera vez.
Debajo escribió:
«Mira, Xia. Ha sobrevivido al invierno».
Sonreí.
Respondí con una fotografía de mi propia planta, que aquella mañana había amanecido cubierta de flores blancas.
Después guardé el teléfono.
Apoyé la cabeza contra el cristal y contemplé la ciudad mojada.