PARTE 2: La orden que mi hermano nunca vio venir

El juez Thorne tardó menos de diez minutos en comprender la gravedad de la situación.
—¿Su padre está en peligro inmediato?
Miré hacia la puerta cerrada.
—Sí.
—¿Puede sacarlo de la casa sin alertarlos?
—Todavía no.
—Entonces no confronte a nadie. Estoy autorizando medidas de protección de emergencia y notificando a las autoridades correspondientes.
Colgué.
Papá me sujetó la muñeca.
—Elena, si Julian descubre que te lo conté…
—No va a volver a quedarse a solas contigo.
Lo dije con una calma que ni yo misma reconocí.
Ayudé a papá a vestirse y guardé las pruebas.
Antes de salir del baño, me miró.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—No querían únicamente mi dinero.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué querían?
Papá bajó la voz.
—Tu fideicomiso.
Me quedé inmóvil.
Mi madre había creado aquel fondo antes de morir.
Julian jamás había tenido derecho sobre él.
—¿Cómo podrían tocarlo?
—Necesitaban mi firma.
Entonces comprendí por qué habían presionado tanto a un hombre de setenta y ocho años.
Bajamos.
Chloe estaba sirviendo vino.
Julian sonrió al verme.
—¿Todo bien?
—Perfectamente.
Me senté frente a él.