Elena asistió acompañada de su hija.
La niña llevaba una chaqueta blanca y sostenía una pequeña fotografía de su padre.
Cuando le entregaron una placa conmemorativa, preguntó si podía decir unas palabras.
Su madre asintió.
La niña se acercó al micrófono.
—Mi papá siempre arreglaba cosas —comenzó—. Si una lámpara no funcionaba, él la arreglaba. Si una planta se estaba muriendo, buscaba qué le pasaba. Cuando yo era pequeña pensaba que podía arreglarlo todo.
La sala quedó en silencio.
—Durante mucho tiempo escuché cosas horribles sobre él. Mi mamá me decía que no eran verdad, pero había personas que se reían.
La pequeña apretó la fotografía.
—Ahora sé que murió intentando hacer algo bueno. Ojalá pudiera volver para decírselo.
Elena comenzó a llorar.
Yo también.
La niña respiró profundamente.
—Pero quiero que todos sepan que estoy orgullosa de ser su hija.