Me apoyé contra la puerta.
Todo encajaba.
La llamada amenazante.
El sobre.
La aparición de Liang.
Valdés sabía que mi exmarido estaba empezando a investigar.
—Déjalo —dije.
—¿Qué?
—Abandona esa investigación.
Liang frunció el ceño.
—Xia, ¿qué ocurrió aquella noche?
—Nada que puedas arreglar ahora.
—Daniel no murió por un fallo eléctrico, ¿verdad?
No contesté.
Su voz se quebró ligeramente.
—¿Y tú no estabas allí porque tenías una aventura con él?
Lo miré.
Por primera vez en tres años, no vi acusación en sus ojos.
Vi miedo.
Miedo de descubrir que había destruido nuestro matrimonio por una mentira.
—Liang, vuelve con tu esposa.
—Respóndeme.
—Está esperando un hijo tuyo. Tienes una vida. No la destruyas por algo que ocurrió hace tres años.
Me observó largamente.
Después dijo:
—Mi esposa se llama Clara. No necesito que la uses como una razón para evitar esta conversación.