PARTE 2: EL SECRETO DEL SILENCIO

El reloj marcaba las cuatro y diecisiete cuando escuché por primera vez a alguien pronunciar mi nombre.

—Señor Turner…

Era Emily.

Su voz temblaba.

Me volví lentamente hacia ella, incapaz de comprender que aquellos sonidos tenían significado.

Durante treinta y siete años había conocido las palabras solamente por los movimientos de los labios.

Ahora podía escucharlas.

Lily seguía sosteniendo aquella pequeña masa oscura.

—Mamá, creo que le hice daño —susurró.

Me arrodillé frente a la niña.

—No, pequeña.

Mi propia voz me resultaba extraña.

—Me has dado algo que nunca tuve.

Emily comenzó a llorar.

Pero yo miraba el objeto en la mano de Lily.

Porque había algo imposible de ignorar.

Parecía contener una diminuta pieza metálica.


Llamé inmediatamente a mi médico personal, el doctor Richard Sullivan.

Cuando llegó, una hora después, se quedó paralizado al escucharme hablar.

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