PARTE 1: La baldosa fría
El olor estéril y químico de la sala de emergencias del hospital se te queda impregnado mucho después de que termina tu turno. Se impregna en tu uniforme, se introduce bajo tus uñas y se asienta en la médula de tus huesos. Como enfermera de trauma, estaba acostumbrada a la dura realidad de los turnos nocturnos de doce horas. Pasaba las noches devolviendo la vida a cuerpos destrozados, controlando el caos y sosteniendo las manos de pacientes aterrorizados. Lo hacía porque era mi vocación, pero sobre todo, lo hacía por ellos. Por mi esposo,Gideóny nuestro hijo de cinco años,RogerLlevaba el cansancio como una insignia de honor, convencida de que mis sacrificios eran la base de la hermosa vida de nuestra familia.
Fui un tonto.
Brainberries