Y cuando Maya intentaba opinar, le recordaba cuánto dinero estaba gastando la familia Whitmore.
—No seas desagradecida, cariño.
Aquella frase se convirtió en una constante.
Después de la boda, Maya comenzó a cancelar nuestras llamadas.
Primero dijo que estaba ocupada.
Después explicó que Julian prefería que no hablara por teléfono durante las cenas.
Más tarde comenzó a decirme que estaba cansada y que me llamaría otro día.
Yo respeté su espacio.
Pensé que estaba adaptándose al matrimonio.
No sabía que Julian había empezado a revisar sus mensajes.
Tampoco sabía que Evelyn aparecía sin avisar en su casa para criticar la manera en que Maya vestía, trabajaba y administraba su dinero.
Mi hija había comenzado a reducir sus proyectos profesionales porque Julian insistía en que su trabajo la distraía de sus responsabilidades familiares.