La investigación tardaría meses en llegar a sus conclusiones definitivas.
Pero mi padre ya no estaba solo.
Y nadie volvería a ponerle unas correas mientras yo ignoraba lo que estaba ocurriendo.
8. Los once millones nunca fueron el verdadero premio
Seis meses después, acompañé a mi padre al despacho de su nuevo abogado.
Las medidas de protección de su patrimonio se habían reforzado y cualquier decisión financiera importante quedaba sometida a controles adecuados. Su capacidad para gestionar sus asuntos debía evaluarse con independencia, sin confundir la edad o las lesiones con una incapacidad automática.
Claudia ya no tenía acceso a sus cuentas.
Los bienes que intentaron transferir quedaron sujetos a las medidas legales que correspondían mientras se esclarecían las operaciones.
Mi padre había recuperado parte de su fuerza, aunque algunas noches todavía se despertaba sobresaltado.
A veces me preguntaba si Daniel había sentido alguna vez remordimiento.