Mi padre caminó hasta la mesa y abrió la caja de terciopelo.
Dentro habÃa un pequeño medallón de oro, una fotografÃa antigua y varios sobres amarillentos.
Tomó uno de ellos y me lo tendió.
—Lee esto, Adrian. Después puedes odiarme todo lo que quieras.
No querÃa tocarlo.
Una parte de mà deseaba marcharme, llamar a un abogado y no volver a ver a ninguno de los dos. Pero cuando vi el nombre de mi madre escrito en el sobre, mis manos comenzaron a temblar.
Lo abrÃ.
La carta estaba fechada hacÃa treinta y dos años.
«Richard:
Si estás leyendo esto, significa que no he encontrado el valor para contarte la verdad en persona.
Hay algo sobre nuestro hijo que nunca te he dicho. No porque no te amara, sino porque tenÃa miedo de perder a nuestra familia.