Salí de la iglesia con el vestido lleno de barro y 30 invitados riéndose mientras mi madrastra sonreía.-tete

—No es chatarra.

Explicó que, 34 años atrás, un grupo de pequeños propietarios de Soria había creado una sociedad para impedir que varias fincas acabaran en manos de un fondo extranjero. Cada socio fundador recibió una ficha de latón numerada. No servía como título de propiedad, pero identificaba el libro original de aportaciones, contratos y derechos forestales.

La ficha 27 había pertenecido a Clara Valcárcel.

Lucía sintió un escalofrío.

Su madre nunca le había hablado de empresas. Solo recordaba sus botas verdes, el olor a resina en el coche y una frase que repetía cada verano:

—Un bosque no se hereda de los padres; se pide prestado a los hijos.
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Clara había sido ingeniera forestal antes de casarse con Ernesto. Diseñó un modelo de explotación sostenible para varios montes y había invertido en una pequeña empresa de transformación de madera. Años después, aquella empresa se convirtió en el embrión de Grupo Robles Verde.

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