—Eso puede llevar tiempo.
—Tengo tiempo.
No fue una reconciliación de película.
Fue una primera cita.
1 año después de la boda, Lucía convirtió parte de la finca de su madre en un proyecto de formación forestal para jóvenes de la zona. Lo llamó Proyecto Clara.
El día de la inauguración llovió.
El barro volvió a cubrir el camino frente a la pequeña iglesia donde todo había empezado. Algunos vecinos estaban allí, pero esta vez nadie levantó el móvil para reírse.
Mateo llegó caminando desde el monte, con botas sucias y una camisa sencilla.
Ernesto se acercó a Lucía, manteniendo una distancia prudente.
—Estoy orgulloso de ti.
—Gracias. Pero necesitaba que lo estuvieras cuando no había nada que celebrar.
Él asintió.
No discutió.
Aquello también era nuevo.
Cuando terminó el acto, Lucía y Mateo caminaron hacia el bosque. Al llegar a una zona embarrada, él extendió la mano, pero no la tocó.