PARTE 2: LA CONFESIÓN QUE LO CONDENÓ

—¡Aléjate de la habitación de mi hermana!

Emily.

Mi hermana había llegado.

La puerta se abrió minutos después y apareció con el cabello desordenado y lágrimas en los ojos.

Cuando vio mi rostro, se llevó ambas manos a la boca.

—Rachel…

Intenté sonreír.

Pero Emily cruzó la habitación y me abrazó con una delicadeza que terminó de romperme.

—Te llamé tantas veces —susurró—. Daniel decía que no querías verme.

—Me quitó el teléfono.

Emily apretó los labios.

—Lo sé. Por eso vine.

Me aparté ligeramente.

—¿Cómo supiste que estaba aquí?

Su expresión cambió.

Sacó un pequeño sobre de su bolso.

—Porque esta mañana recibí algo que no entiendo.

Dentro había una fotografía de nuestro lavadero.

Se veía claramente la viga del techo.

La cuerda.

Y Daniel preparando un extraño sistema de poleas.

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