Y entonces Lara dijo algo que cambió por completo aquella boda.
—Teresa, hace muchos años, cuando yo era una niña, mi madre me contó la historia de una mujer que salvó nuestra familia.
Sentí un escalofrío.
—No entiendo, hija.
Lara apretó mis manos.
—Mi madre tuvo una hermana menor. Se llamaba Isabel.
Al escuchar aquel nombre, mi corazón dio un vuelco.
Isabel.
Habían pasado más de veinte años, pero yo todavía recordaba aquel nombre.
Lara continuó:
—Mi tía Isabel tuvo un accidente cuando yo era pequeña. Mi familia atravesaba una época muy difícil. Mi abuelo había perdido gran parte de sus ahorros en un negocio, mi padre apenas estaba empezando su empresa y mi madre estaba embarazada de mi hermano. Durante meses, mi tía necesitó ayuda para recuperarse.
Su voz se quebró.
—Mi madre siempre decía que, en los días más difíciles, hubo una mujer del mercado que llevaba comida a nuestra casa sin pedir nada a cambio. Una mujer que vendía verduras y que se negaba a aceptar dinero, incluso cuando mi abuela insistía en pagarle.