AQUÍ ESTÁ EL VIEJO VESTIDO VERDE QUE SE BURLARON… HASTA QUE LA NOVIA DETUVO LA BODA Y DIJO: “NADIE SE MUEVE HASTA QUE SU MADRE SE PARA A MI LADO”

Pero también les diré que nunca debemos sentir vergüenza de nuestra historia.

Porque la pobreza no es una deshonra.

Trabajar con las manos no es motivo de humillación.

Y un vestido gastado puede guardar más amor que el traje más caro del mundo.

Aquel día fui a la boda de mi hijo pensando que tenía que esconderme. Regresé a casa sabiendo que nunca más volvería a hacerlo.

Y si algo deseo que mis nietos recuerden cuando crezcan, es esto:

No midan a las personas por la ropa que llevan, por el dinero que tienen o por el lugar que ocupan en una habitación.

Mírenlas por la bondad con la que tratan a los demás, especialmente cuando nadie está mirando.

Porque las cosas materiales envejecen.

Las telas se desgastan.

Los zapatos se rompen.

Pero el amor que ofrecemos libremente puede permanecer en la memoria de una familia durante generaciones.

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