Alejandro bajó la cabeza.
—¿Alguna vez te habló de un hombre llamado Gabriel Salgado?
Valeria negó lentamente.
—No. Mi madre nunca habla de su pasado. Cuando yo era pequeña, le pregunté varias veces quién era mi padre, pero siempre me decía que había muerto antes de que yo naciera.
Alejandro cerró los ojos.
Aquella respuesta parecía confirmar el peor de sus temores.
—¿Y nunca te dijo que alguien había intentado localizarla hace trece años?
—No.
Valeria se levantó de la silla.
—Señor Salgado, está empezando a asustarme. Si todo esto es una broma, no tiene ninguna gracia.
—No es una broma.
—Entonces, explíqueme qué está pasando.
Alejandro tomó la fotografía de la maleta y se la entregó.
En ella aparecía un hombre joven, de unos veinticinco años, junto a una mujer embarazada.
La mujer tenía el cabello oscuro y una sonrisa tímida.