Alejandro sonrió.
—Por lo que me contaste, sospecho que todavía le quedan algunos pendientes.
Ella soltó una carcajada.
Después le entregó la carta.
Alejandro la leyó en silencio.
Cuando terminó, se quedó mirando el papel durante varios segundos.
—Era un buen hombre —dijo.
—Sí.
Valeria levantó la vista.
—Y creo que tenía razón.
Alejandro dobló cuidadosamente la carta y se la devolvió.
—¿En qué parte?
Ella sonrió.
—En que el amor no es una deuda.
Capítulo 13. La pregunta de Sofía
El segundo aniversario de la muerte de Elena se acercaba.
Alejandro solía pasar aquel día con Sofía, visitando el lugar donde habían esparcido las cenizas de su esposa y recordando algunas de sus historias favoritas.
Ese año, la niña pidió que Valeria los acompañara.
Alejandro no respondió inmediatamente.
No porque no quisiera que ella fuera.
Sino porque no estaba seguro de cómo se sentiría Valeria al participar en una tradición tan íntima.