Valeria dejó de masticar.
—No tiene que decir eso.
—No lo digo para que te sientas obligada a nada. Lo digo porque es verdad.
Ella bajó la mirada.
—No quiero vivir intentando ser la persona que alguien más habría admirado.
Alejandro asintió.
—Tienes razón. No necesitas hacerlo.
Después de un momento, añadió:
—Pero yo te admiro.
Valeria sintió que el corazón le daba un vuelco.
No respondió.
Porque la admiración de Alejandro no se parecía a los elogios vacíos que había escuchado de otras personas.
Él conocía su trabajo.
Había visto cómo resolvía los problemas.
Había discutido con ella.
La había visto equivocarse y corregir sus errores.
Y aun así la admiraba.
Aquello era diferente.
Mucho más peligroso para el corazón.
Capítulo 10. El secreto que Alejandro había guardado en silencio
El cumpleaños número seis de Sofía llegó en marzo.